“Perjurio”

Esta semana la revista Newsweek publicó un reportaje que pone en descubierto una serie de falsedades del ex monaguillo Daniel Gallagher, que terminó con la injusta condena en prisión de tres sacerdotes y un profesor en la Arquidiócesis de Filadelfia, Estados Unidos, quienes fueron falsamente acusados de abuso sexual, por este joven estudiante en el año de 2011.

 Gallagher quien se presentó como un dulce y amable niño ante los medios de comunicación, afirmaba que había sido violado por estos clérigos y un profesor en la Parroquia de San Jerónimo en Filadelfia; denuncia que con la sola declaración del alumno, y protegida por una constitución de doble moral, permitió que fueran condenados por pederastia. El joven “Bill Doe” como se le conoce en el caso, recibió una indemnización de varios millones de dólares.

Uno de los sacerdotes murió en prisión en el 2014 por que el estado le negó una operación de corazón abierto. En las exequias del prelado James, se reveló, que en la víspera del juicio, pudo haber negociado un acuerdo para salir de prisión y realizar servicio comunitario, sin embargo prefirió permanecer en la cárcel, por no perjurar contra sí mismo, declarándose como culpable, de un crimen que no cometió.

Tres mil casos se han presentados en los últimos 50 años en todo el mundo, con sacerdotes comprometidos en algún tipo de delitos de abuso sexual; trecientos casos (0.6%) relacionados con impúberes. Algunas de las condenas se dieron por la sola declaración de quien supuestamente había sufrido el abuso o por la declaración de algún familiar o allegado.
La Iglesia no ha sido indiferente a esta realidad, ha endurecido su legislación, ha pedido perdón a las víctimas, las ha indemnizado y se ha tornado implacable con los agresores. Sin embargo existe otro tipo de injusticia, la de aquellos que han sido estigmatizados ante la sociedad y la misma Iglesia con falso testimonio.

Existe un claro derecho y es el que todos tenemos a una defensa, bajo la presunción de inocencia. ¿Cómo advocar por una justica imparcial, con un aparato judicial, que en ocasiones posibilita que los supuestamente victimarios se conviertan en victimas de quienes buscan una oportunidad para lucrarse, dañando la credibilidad no solo de personas, sino de aquellas instituciones a las que pertenecen? ¿Quién repara las víctimas de perjurio, en ordenamientos jurídicos, donde no hay obligatoriedad para decir la verdad?

Padre Pacho

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