“Apostasía”

Cada vez son más frecuentes las solicitudes, requiriendo la exclusión de los registros bautismales de algunos miembros de nuestra fe católica. Un estudiante de filosofía de la universidad tecnológica esta semana, se declaraba apostata y ante tal solicitud, me preguntaba ¿Qué los motiva a hacerlo? ¿Una rebeldía cimentada en convicciones reales? ¿Son conscientes quienes piden este derecho de las implicaciones canónicas a las que se exponen?

La apostasía es reclamada como un derecho a la libertad de conciencia y de culto. Quienes acuden a este derecho piden constar como apostatas, que se les elimine todo registro de pertenencia a un determinado grupo de creyentes, con sus efectos pertinentes.

Un verdadero apostata debe conocer muy bien las verdades de las que quiere abdicar; donde se supone una negación total a la doctrina original, el rechazo a su fe por completo, menospreciando la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento. Por esta razón se debe conocer muy bien que es lo que rechazo y bajo que fundamentos lo hago, de lo contrario queda claro lo que dice la carta apostólica de Judas cuando describe que quien se hace apostata generalmente es un ignorante religioso, rebelde y autodestructivo; de palabra arrogante y adulación falsa, sin un juicio claro por ser carente de espíritu.

Generalmente en nuestro contexto quien pide este derecho, no es consciente de rechazar unas verdades fundamentales sino que su confrontación es con una institución, cuyos miembros en ocasiones, dan respuestas fallidas en su estilo de vida. En este caso quien hizo su solicitud, se declara apostata, afirmando que lo hace, por no estar de acuerdo con una institución que defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural; que no acepte la unión de parejas homoparentales con el derecho a adopción de menores; criterios éticos que no son negociables.

Cada persona es libre de acoger o rechazar la fe, quien se declara apostata, su rebeldía, no constituye una exclusión de la Iglesia, porque el bautismo imprime carácter; un vínculo sacramental de pertenencia, que establece una unión ontológica permanente y no se pierde con motivo de ningún acto o hecho de defección. Ello implica que el apostata por efecto del bautismo sigue siendo considerado miembro de la Iglesia, aunque en rebeldía, nunca fuera de ella. Por lo tanto no existe un desbautismo, aunque se haga la constancia que indique la condición de apostata.

Padre pacho

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