“Un acontecimiento de fe”

Hoy es común el fenómeno de terroristas suicidas, que mueren por una causa equivoca e inicua, creyendo que con su inmolación, alcanzan el paraíso. La muerte de Jesús en sí misma no testimonia la verdad de su causa, solo el hecho de que El creía en ella. Lo único que la hace verdad y la testimonia es la resurrección.

Si los discípulos nunca alimentaron la resurrección cuando estuvieron con Jesús e incluso huyeron ante aquel posible fracaso, ¿Qué los llevo a que tuvieran un convencimiento total que su maestro estaba vivo? Estos hechos nos llevan a preguntarnos ¿La resurrección de Jesús lo podemos definir como un evento histórico, en el sentido común del término, esto es, «realmente ocurrido»?

Quien primero se refiere a este acontecimiento es Pablo quien escribe por el año 56 o 57 d.C. pero aclara, que esta verdad la recibió de otros testimonios del año 35 d.C. eso es, unos cinco o seis años después de la crucifixión. Y el testimonio proclamaba textualmente: “el Señor ha resucitado y se ha aparecido vivo”. ¿Se podría hablar de un testimonio casi histórico?

 Los evangelios hacen sus narraciones testimoniando la nueva dimensión del resucitado, su corporeidad es diferente de la de antes; está libre de las leyes físicas: entra y sale con las puertas cerradas; aparece y desaparece.

Un hecho muy significativo de estas narraciones es la de los discípulos de Emaús: fueron al sepulcro y encontraron que las cosas estaban como habían referido las mujeres, quienes llegaron antes que ellos, pero a Él no lo vieron; las cosas están como los testigos lo dijeron, pero no ven al resucitado. La experiencia del resucitado no es solo una constatación histórica, es necesario verlo y ¿esto solo lo logra la fe?

Lucas en su mensaje testimonia que las mujeres escuchan en el sepulcro la voz del ángel que les dice: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. ¿Por qué buscarlo en el mundo de la muerte? ¿Por qué buscarlo en tradiciones muertas, o en formulas anacrónicas? ¿Cómo vamos a acoger su saludo de Paz a vosotros, si nos hacemos permanente daño unos a otros? ¿Cómo contagiarnos de fe en Jesús vivo si no arden nuestros corazones como en Emaús? ¿Cómo poderlo ver para seguirlo de cerca si no concedemos el perdón a quienes nos han ofendido en este año de gracia?

Padre Pacho