“La soberanía no se vende”

Desde el año 2003 el gobierno nacional pretendía vender la segunda generadora de energía de nuestro país. Con su venta, aunque no represente un riesgo energético, ya que sus plantas generadoras no se apagarán, y aunque siga la nación recibiendo recursos por vía de impuestos en las corporaciones autónomas regionales, sí existe un gran peligro en temas como sostenibilidad ambiental, donde se invirtieron 13.000 millones de pesos en estudios para generar energía con fuentes renovables. Un peligro con las 23.000 hectáreas de bosques y espejos de agua: ¿Seguirán siendo respetados? Peligro con la responsabilidad social ¿Subirán las tarifas de los servicios, para buscar recuperar la inversión de 6.4 billones de pesos de una empresa que maneja 7.284 unidades energéticas en el mundo?

Isagén en el 2015 tuvo utilidades por 366.000 millones; le produjo a la nación 1,12 billones en dividendos y pago en impuestos a la Dian 1,07 billones de pesos; su comercialización se produjo porque el gobierno argumentaba como criterio, su poca rentabilidad.

Los recursos de su venta irán a la Financiera de Desarrollo Nacional, para la construcción, según el gobierno, de las vías de cuarta generación y seguramente, para cubrir el déficit de dinero que tiene la administración Santos, en la llamada “mermelada” o pagos a aquellos sectores políticos que le han acompañado, y ello sin hablar del lobby al plebiscito por la paz.
Con Isagén hemos vendido un segundo Panamá; el gobierno ha tenido un nuevo desacierto, como lo tuvo cuando le entregó a Nicaragua un vasto territorio de nuestra soberanía interoceánica.

Me pregunto: Hoy, cuando se ha hipotecado el país y nuestra soberanía, ¿Qué nos espera a los colombianos? ¿Qué pasará con las nuevas generaciones, con vías de cuarta generación, pero con una economía cada vez más empobrecida y en manos de multinacionales? ¿Qué le sobrevendrá a nuestro ecosistema, y al cuidado del medio ambiente?

Alguien decía que “no hay Maduro que no se pudra y Cabello que no se caiga”; en nuestra pobre soberanía, ¿quién nos ayudara a entrar en razón, de nuestra gran responsabilidad social? Por supuesto que no lo harán las altas cortes, porque de la misma torta también comerán, y por qué no tienen claro, que nuestra soberanía no tiene precio, y que Santos no es tan santo y que ni al purgatorio llegará.

Padre Pacho

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