¿Ideología o derecho fundamental?

En el 2007 la corte constitucional señaló que la unión marital de hecho aplica también para parejas del mismo sexo, avalando los derechos patrimoniales que se derivan de estas uniones; en 2008 se estableció el derecho de igualdad, para demandar la pensión de los consortes; en 2011 determinó que las parejas del mismo sexo son familia, proporcionando un plazo para que el congreso legislará para que estas parejas, pudieran formalizar su unión ante un juez o notario. El 7 de abril de 2016 la corte permitió la posibilidad de unirse en matrimonio civil a las parejas del mismo sexo, materializando así una igualdad de derechos e imponiéndose la “ideología de género” en la corte constitucional, usurpando la corte, no solo el acto legislativo del congreso, sino a la mayoría de los colombianos, que en un consenso o plebiscito sin rechazar al homosexual como persona, ni su seguridad ante el estado, votaría como inadmisible, la decisión de la alta corte, por vulnerar el matrimonio y la familia, imponiéndose, más una ideología que garantizando un derecho fundamental para los colombianos.

Uno de los argumentos mal planteados por algunos magistrados para tal decisión lo fundamentan en el código civil que a pesar de que se entienda como matrimonio el celebrado entre un hombre y una mujer; las parejas homosexuales, son víctimas de la violación de su derecho a la igualdad cuando se les impide casarse en los términos en los que lo hacen parejas conformadas por hombre y mujer.

Uno de los magistrados valientemente recordó a la corte que la modificación de la figura del matrimonio va a generar un funesto caos en el derecho de familia colombiano, pensando irracionalmente que, de un solo plumazo se puede borrar una figura ancestral, sin ajustarse aspectos esenciales tales de esa institución como son los contrayentes, su constitución y perfeccionamiento, sus requisitos, las nulidades matrimoniales, la disolución, el divorcio, las obligaciones y derechos, la filiación y la adopción.

En culturas antiguas como la griega donde se permitía la homosexualidad, entendían que el matrimonio es entre un hombre y una mujer; una cosa era la práctica sexual de los ciudadanos y otra muy distinta la familia y la procreación. Con esta decisión de la corte recuerdo las palabras de Jorge Loring: “Aunque un gobierno haga una ley dando permiso a los burros para que vuelen, no por eso a los burros le salen alas”.

Padre Pacho